A estas alturas, sé que la audiencia habitual de este blog viene con los deberes hechos de casa y está familiarizada con la relación existente entre la capacidad de percibir el color por parte de nuestro sistema visual y la calidad cromática de la luz disponible para observar un objeto.
No obstante, en este complejo mundo existe otra pequeña arista que conviene tener en cuenta: incluso disponiendo de una fuente de luz con un CRI elevado y una misma temperatura de color, pueden apreciarse diferencias cromáticas entre distintos iluminantes.
Dicho de otro modo, dos fuentes de luz —de distinto fabricante o tecnología— que compartan CCT y CRI, pueden producir percepciones de color diferentes sobre un mismo objeto.
Uno de los fenómenos implicados en este hecho es el metamerismo, que ya ha sido objeto de estudio por nuestra parte y tema central de una publicación académica presentada en el Congreso CIMED22. Se trata de un asunto extenso y complejo; si os interesa profundizar en él, podéis consultar nuestro trabajo de investigación en portal de la Universidad Politécnica de València pinchando en este enlace.
Existen numerosas situaciones en las que resulta imprescindible disponer de una luz que permita a todos los observadores percibir el mismo color. El ejemplo más sencillo de entender es el de la industria gráfica.
Imaginemos que diseñas material gráfico para una marca y envías los bocetos a imprenta. Esta te remite unas pruebas que, a su vez, debes mostrar a tu cliente para su aprobación. En este proceso, imprenta, diseñador y cliente deben estar viendo exactamente lo mismo.
Si el cliente evalúa las muestras bajo una iluminación cálida o con una reproducción cromática deficiente, percibirá algo distinto a lo que ves tú si trabajas bajo una fuente de 6000 K y CRI 95. El riesgo es evidente: cuando el material se imprima definitivamente y se instale en la vía pública, los colores pueden no corresponderse con los corporativos de la marca.
Aquí es donde entran en juego las lámparas de referencia. Se trata de equipos diseñados para garantizar una consistencia espectral entre todos los observadores. Si todos trabajan, por ejemplo, bajo un D65 (iluminante de referencia de 6500 K), estarán viendo el mismo color, aun encontrándose separados por miles de kilómetros.
El espectro de estos iluminantes está definido por la CIE y ha sido diseñado específicamente para el análisis y control de la consistencia del color. Su uso está regulado por la norma ISO 3664, que establece una serie de puntos de control en la composición espectral que una fuente debe cumplir para ser considerada un auténtico iluminante de referencia.
¿Y en la restauración de arte?
También aquí los iluminantes de referencia desempeñan un papel fundamental. Son los que permiten evaluar el color con un grado de precisión superior, más allá de disponer simplemente de una fuente con CRI elevado.
Trabajar bajo un espectro de referencia garantiza que el restaurador pueda distinguir con la máxima fidelidad un tono de otro, algo especialmente crítico en tareas como la reintegración cromática.
Su importancia se extiende, además, a otras actividades en las que resulta imprescindible analizar, estudiar o registrar obras pictóricas: salas destinadas a correos, procesos de digitalización, departamentos de historia del arte que realizan estudios pormenorizados, entre otros.
Por supuesto, nuestras luminarias destinadas a departamentos de restauración de arte, además de ofrecer un CRI inmejorable, cumplen el estándar ISO 3664 y funcionan como iluminantes de referencia D50.
Esta es una de las razones por las que nuestros equipos están presentes en instituciones como el IVAM, el Museo del Prado, el BBAA de València o el Servicio de Restauración de la Diputación de Castellón, entre otros.
En definitiva, trabajar con iluminantes de referencia no es una cuestión de sofisticación técnica innecesaria, sino una herramienta fundamental cuando el objetivo es evaluar, intervenir o documentar el color con rigor. En contextos como la restauración de arte, donde decisiones cromáticas mínimas pueden tener consecuencias relevantes, disponer de una iluminación espectralmente controlada permite reducir incertidumbres y trabajar sobre una base común y fiable. Entender y aplicar estos criterios no solo mejora los resultados, sino que contribuye a una práctica más consistente, reproducible y alineada con el espíritu de la profesión.
¿necesitas luz para tu departamento o taller de restauración de arte?

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